Jul
6
Cumpliendo con mi promesa, hoy decidí consentirme y me compre un libro. No me creerán si les digo que paseaba por esa librería sin la intensión de salir con un libro, pero es la verdad. Es de esos libros de dibujo que a mi me gusta ver para inspirarme y darme ideas para experimentar. Una vez pase semanas jugando con las ideas que me dio el Art-Book de Neogénesis Evangelion, me encanta la expresividad del Manga. Eso es algo que siempre me ha gustado hacer, no soy ninguna clase de artista y lo más que se llega a dibujar en mi carrera son circuitos, diagramas de flujo y gráficas, pero me causa una chispa especial, jugar con lápices, colores, lapiceros, plumones, crayolas, tengo tamaños, colores, grosores, lápices cerosos, carboncillos, hasta tengo un hermoso estuche de lápices de color acuarelables Derwent que donLeo me regaló en mi cumpleaños pasado, es una técnica muy muy interesante que da mucho para experimentar. Pero yo estaba con lo de la librería, en fin, ese día acompañaba a donLeo en su búsqueda de un libro de programación.
Este libro era algo diferente porque no era exactamente de dibujo si no de cómo utilizar los “figurines” para el diseño de modas, es decir, dibujar tu diseño con una modelo y una pose especifica para resaltar y expresar mejor tu idea acerca de una prenda de diseño propio. Después de ojearlo de pies a cabeza, por mera curiosidad decidimos preguntar por el costo, el cual a mi me pareció decente. El ejemplar que yo tenía en mis manos estaba maltratado: tenía dobladas las esquinas , el forro medio roto y la portada sucia. Pero como no había más ejemplares que ese, nos ofrecieron un descuento por las inconveniencias de su estado. Siendo así, decidí llevarlo a casa conmigo.
Hasta ahora he aprendido que unas cuantas pinceladas pueden crear el efecto deseado para sensuales transparencias como la gasa o el tul. He aprendido algo del mundo de la moda.
Todo esto me hizo recordar aquella mini-polémica que generó la iniciativa de hacer una ley para que quienes editan o importan libros fijen un precio único para todo el país de los libros que elabore o compre, propiamente dicho. La idea de todo eso era generar el hábito de la lectura al hacer la compra de libros más accesible para todos y fomentar el desarrollo de lugares públicos y privados para la lectura, tales como bibliotecas y librerías pequeñas, de hecho el nombre: Ley de Fomento para el Libro y la Lectura da a entender el punto. Ahora bien, todos sabemos de sobra que México es un país que no lee y con esta ley, que por cierto se aprobó el 30 de abril de este 2008, se creo el Consejo Nacional de Fomento a la Lectura que es como un hijito de la SEP creado para hacer que esta Ley se cumpla, esperemos que en este caso no se aplique el: de tal palo tal astilla. También espero que este órgano de verdad se encargue del fomento a la lectura y se preste especial atención a los puntos de distribución en los estados de la república, es decir, a las pequeñas librerías que hacen su luchita fuera de las grandes ciudades, porque no es lo mismo distribuir un libro en el Distrito Federal que hacerlo llegar a un Ixmiquilpan en Hidalgo dado que el coste del transporte ya no podrá ser compensado subiendo el precio del libro, y si un libro ya no genera ganancia, ¿entonces para qué llevarlo?
Habrá que ver.


