Fuimos arrastrados sin misericordia a aquel lugar, íbamos mojados. Decidimos hacer un trato de intercambio con el verdugo, quien era un extraño ser que nos hablaba golpeado. Rápidamente sus despiadados ayudantes se movilizaron para descuartizar a quien debía ser  descuartizado. Desde lejos pude ver cómo asesinaban inocentes bañándolos en aceite hirviendo, sin titubeos, con crueldad. [...]