Aug
23
El Gran Robo
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Fuimos arrastrados sin misericordia a aquel lugar, íbamos mojados. Decidimos hacer un trato de intercambio con el verdugo, quien era un extraño ser que nos hablaba golpeado. Rápidamente sus despiadados ayudantes se movilizaron para descuartizar a quien debía ser descuartizado. Desde lejos pude ver cómo asesinaban inocentes bañándolos en aceite hirviendo, sin titubeos, con crueldad. Habíamos sido parte de eso a cambio de una oportunidad.
Yo no podía hablar, no podía moverme, estaba al borde, quería gritar, quería llorar. En medio de la desesperación de pronto me vi sola: Leonardo había desaparecido. Me dio un ataque ¿Dónde estaba? ¿estaría bien?¿ahora qué me esperaba? algo estaba sucediendo, algo feo que crecía en mi interior y me quemaba la boca del estomago.
Escuchaba voces, pero me encontraba sola, ¡¿qué demonios estaba sucediendo?!. En ese instante, cómo respuesta a mi pregunta, muchas voces, unificada en una sola, me explicaron mis opciones: “Tus papas fritas son chicas, pero las de Leonardo son grandes, toma una de las suyas y te dejaremos, le hemos dado a tu compañero las mismas opciones. Ustedes elijen, pero sus decisiones tendrán consecuencias sobre el otro. Será mejor que te des prisa”.
Después de eso, no volví a ser yo quien controlaba mis pensamientos. Estaban en mi cabeza, jugaban al pensamiento bueno y al malo. Yo sabía lo que tenía que hacer pero no me dejaban hablar. Uno de ellos trataba de convencerme de tomar la papa frita, la más larga, la que se veía doradita, podía ver la sal sobre ella, el sobre de catsup estaba al alcance de mi mano, podía sentirla en mi boca. ¡No! ¡Yo no puedo hacer eso! ¡pueden hacerle algo a Leo si la tomo! ¡¡Salgan de mi cabezaaaa!!
Después silencio y una luz cegadora.
-¿Lala? ¿En qué tanto piensas?- Era Leonardo y su sonrisa, igualito que siempre pero con las manos mojadas.
-Leo, las papitas…
-¡Ah si!, a ti te compré papas grandes porque sé que tienes mucha hambre. El hambre te pone loquita.


