Mar
23
Pizzerolas
Filed Under Grandes Impresiones, Lala |
De niña, fui la hija de una mujer que debía trabajar, por lo que fui una niña que era cuidada por su abuela. Jamás conocí a mi abuela en el sentido estricto de la palabra: la madre de mi madre murió hace 22 años, pero su hermana, mi tía abuela, ha desempeñado su papel con grandes honores.
Recuerdo pocas cosas de nuestros tiempos juntas, pero son suficientes para decir que fueron buenos.
Jugaba en su patio con un pequeño triciclo que representaba mi mejor juguete de entonces, acomodaba en filas los caracoles viscosos que se juntaban cerca de una enorme jacaranda que crecía como queriendo partir la casa en dos, todavía pienso que las jacarandas son de las pocas cosas que me gustan de los climas cálidos. Cuando alguna de las dos de aburría, ella de cuidarme o yo de jugar, me quitaba los zapatos, me sentaba frente a la tele y veía a BeatleJuice, El Conde Patula y las Aventuras de Winnie Pooh hasta caer dormida. A pesar de lo anterior, la mayor presencia de mi abuela en mi persona se encuentra en mis gustos culinarios: jamás he conocido un mejor desayuno que su famoso ‘huevo con tortillita’, sé que suena infantil pero me encanta y es tan simple que hasta yo puedo prepararlo: trozos de tortilla medio dorados revueltos con huevo, ojo, no es lo mismo que huevo revuelto con trozos de tortilla dorada, primero se doran las tortillas. Y para las comidas, de ella he sacado la preferencia por cualquier guisado en salsa verde, además de que sólo en su casa he probado agua de apio.
Que yo recuerde, jamás me negué a ninguna de sus comidas, nunca incluso a pesar de que de vez en cuando me concedía una golosina antes de comer: a las dos nos fascinaban las galletas de mantequilla a medio día, pasticetas se llaman aquí supongo. Pero nada se asemejaba al sabor indescifrable de mis frituras favoritas: Las Pizzerolas, eran deliciosas y su recuerdo perdura en mi memoria aún después de haber pasado más de 10 años. Puedo recordar vagamente la bolsa verde con aros de colores que enmarcaban la ventana que dejaba ver por dentro de la bolsa las frituras circulares parecidas a totopos que supuestamente sabían a pizza, puedo decir con total seguridad que eran deliciosas pero jamás les encontré sabor a pizza alguno.
Por desgracia, durante varios años llegué a pensar que mi botana, había sido sólo una creación de mi imaginación debido a que nunca volví a verlas ni a probarlas. Los Doritos sabor Pizzerola no cuentan porque no se acercaban ni tantito al sabor misterioso de las Pizzerolas originales.
Hace poco, haciendo compras para la comida con Leo, me topé con la misma bolsa verde, los mismos totopos , el mismo sabor, perecía que nada había cambiando, que el tiempo no había pasado, de pronto me encontraba caminado por la calle tomada de la mano de mi abuela compartiendo una bolsa de pizzerolas. Leo también las recordaba, no habían sido invención mía. Las compramos y las devoramos, eran las mismas, mis Pizzerolas.
Desde aquel día, creo que he comido, en promedio, una bolsa de Pizzerolas de 200 g cada semana, con lo que desafío mi precariamente funcional sistema digestivo, pero no me importa, son Pizzerolas.
Hasta ahora no sé cuanto me va a durar el gusto, no sé si se trate de algo permanente o algún tipo de edición especial limitada y cruel. Por si acaso he comenzado a guardar algunas reservas. Y no soy la única, Internet es un hervidero de bloggers fascinados como yo por el regreso de las Pizzerolas, alucinados igualitos que yo, tanto que hasta he encontrado fotos que se han tomado con sus pizzerolas. Yo soy parte del fenómeno.
Ahora mis golosinas anti saludables preferidas ofiacialmente son un vaso enorme de Icee y una bolsa de deliciosas Pizzerolas.



De lo que se entera uno… No puedo decir que sea fan a morir de las pizzerolas, pero es verdad que vale la pena volverlas a probar…
Las buscaré en la tienda más cercana… o asaltaré tus reservas jeje