Shopping

Filed Under Lala, Quejas, vida | 

Trabajo de lunes a viernes, yo misma pago mis estudios de ingeniería, contribuyo a la compra de servicios y consumibles para la casa donde vivo con mi hermana y mi madre, no llevo malas calificaciones. Se puede decir que soy una mujer adulta responsable  y madura hasta cierto punto. Ayer nada de eso importó: mi madre me llevó a rastras a comprar ropa como si fuera una niña. Eso no me  importaría tanto de no ser porque me da muchísima vergüenza admitir que necesito que me lleven a comprar ropa así, como a una niña.
No hay poder sobre esta tierra que me haga ir voluntariamente a una tienda, escoger unos jeans, probármelos y pagarlos. Odio, detesto, aborrezco comprar ropa -no sigo con los epítetos de desprecio porque sería redundante- y ni hablar de zapatos. No sé si esta aversión tenga su origen en todas las dificultades que siempre he tenido que sufrir para vestirme y calzarme. Verás, el hecho es que soy muy alta para los estándares aquí establecidos para las medidas de una mujer. Mis brazos y piernas son demasiados largos para la ropa común y mis pies grandes siempre me han obligado a usar zapatos raros o para hombre. Soy como Gulliver probándose ropa en el centro comercial de Lilliput.
La razón en realidad ya no importa porque seguiré odiando el rito del shopping y de no ser por mi madre yo andaría en pantuflas y jeans raidos toda la vida. Siempre que lo necesito, me arrastra hasta alguna tienda y me viste y desviste  como a una muñeca. Recuerdo que la última vez yo tenía que entregar una practica para el laboratorio de Circuitos Lógicos para esa misma tarde y llevaba una hoja arrugada donde iba escribiendo y probando programas en VHDL , mi mamá sólo me interrumpía para que alzara los brazos o las piernas mientras ella me probaba la ropa.
En los últimos años Leo ha venido a formar parte de esa labor y él mismo me acompaña y obliga a tragarme las quejas cuando tengo que soportar a las vendedoras.
Yo ya llevaba varios meses retrasando el shopping day a pesar de que la situación se había vuelto crítica: prácticamente ya sólo tenía un par de jeans que sólo me podía quitar para lavar.
La buena noticia es que gasté suficiente como para no tener que preocuparme por la ropa en un buen rato, algo así como mis dos últimos pagos. La mala noticia es que en los próximos meses tendré que enfrentarme a algo mucho peor: comprar mi vestuario para la fiesta enorme y elegante que una prima esta organizando para celebrar su cumpleaños. Me va a hacer pasar por una tienda de vestidos y ya la detesto por eso.

Comments

One Response to “Shopping”

  1. Andrearm on May 18th, 2009 8:03 am

    Para qué te voy a engañar, yo amo ir de compras y eso que la mayoría de cosas que compro la pago a medias con mi madre porque sólo estudio y trabajo de vez en cuando, eres la primera mujer que veo que no le gusta ir a comprar ropa pero cuando leo las razones, creo que te entiendo.
    Pero en algo coincidimos, yo también odio los vestidos y pasé una tortura cuando mi mejor amiga hizo una gran fiesta por sus quince años.

Leave a Reply